Los Aurinegros dominaron de principio a fin a un equipo colocolino que se plantó en el norte sin carácter ni fútbol.
Superior de principio a fin, los Piratas se impusieron a un cuadro albo desdibujado, desordenado y hasta ignorante del buen juego que los locales despliegan en su casa. Los goles de Jonathan Benítez y Mauricio Pinilla fueron poco castigo para la desidia colocolina en el Francisco Sánchez Rumoroso.

Para Mario Salas la Copa Sudamericana fue un evento aislado, una competición que escapa a su proyecto futbolístico y que requiere resultados inmediatos. De allí la presencia como titulares de Jorge Valdivia y Esteban Paredes en Ecuador. Acá en Chile, los veteranos siguen sin tener cabida en un equipo que quiere hacer de la presión su marca registrada.

Pero, ¿qué presión? El mediocampo malogró cada pase, cada tenencia de balón, que el trabajo para los pupilos de Patricio Graff se redujo al mínimo. Williams Alarcón y Gabriel Suazo, los llamados a abastecer a Pablo Mouche —el único rescatable en la visita— firmaron otro partido sin trascender como deben hacerlo.

La posta la tomó Jean Paul Pineda, que hizo y deshizo con la zaga del cuadro de Macul. Un tiro suyo, a los 30’, recibiendo solo en medio del área, se erigía como una pequeña muestra de la liviandad con la que defendía el rival.

Salas apostó por una línea de tres con Insaurralde, Zaldivia y Barroso, con el joven Gutiérrez y Campos adelantados por los flancos, y el envite no funcionó. Los laterales padecieron constantemente las arremetidas de Benítez y Farfán, este último dándose un festín en la segunda mitad. Al extremo derecho no lo detuvo nadie. De sus pies, tras una maravillosa jugada, nació la apertura de la cuenta de Benítez. Incisivo, temerario y descarado, Farfán salió ganador tras cada enfrentamiento con Insaurralde, que nada pudo hacer para ponerle fin a esa masacre.

El segundo tanto era lógico, predecible y merecido. No importó que Valdivia y Paredes ya hubiesen ingresado: la falta de carácter del equipo del Comandante, sumado al aplomo y espíritu guerrero de los coquimbanos, conjugaron para que el futbolista acaso más inverosímil, el colmo absoluto para la institución blanca, lo anotara: Mauricio Pinilla. En su debut con el cuadro nortino, el exazul se elevó tras un centro de Salas para celebrar con un cabezazo su retorno a las canchas, la victoria ante su eterno rival y, por sobre todo, el repaso futbolístico que su nueva casa dieron en los 90 minutos.

Coquimbo: M. Cano; J. Salas, S. Silva, D. Oyarzún; S. Cabrera; G. Navarrete, F. Cornejo, S. Galani; R. Farfán, J. Pnieda, P. Muñoz. DT. P. Graff.

Colo Colo: B. Cortés; J. Barroso, M. Zaldivia, J. M. Insaurralde; F. Campos, W. Alarcón, E. Pavez, G. Suazo, C. Gutiérrez; P. Mouche, A. Vilches. DT. M. Salas.

Goles: 1-0′, 52′, J. Benítez empuja el balón en la línea tras jugada personal de Farfán por la derecha; 2-0, 77′, Pinilla cabecea desde el centro del área tras buen centro de Salas.

Árbitro: J. Cabero. Amonestó a Cornejo, Galani, Pinilla, Silva, Cano (C); Insaurralde, Valdivia (CC).

Estadio Francisco Sánchez Rumoroso. 14.240 espectadores.

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