El Pbro. Alberto Zambrana Rocha asumió la conducción de la entidad formadora de los futuros sacerdotes en la zona.

 Con una solemne Eucaristía celebrada en la capilla del Seminario Mayor "Santo Cura de Ars" de La Serena, el P. Alberto Zambrana Rocha, de origen nicaragüense con previo trabajo pastoral en las parroquias “San Juan Evangelista” de Las Compañías, en La Serena, y “El Santísimo Redentor”, en Ovalle, además de haber ejercido como formador de la misma entidad durante este 2019, asumió como Rector este domingo 22 de diciembre.

Sobre el significado de asumir esta enorme responsabilidad, el sacerdote comentó que “recibo este importante encargo con alegría para continuar la preciosa misión de la Iglesia en acercar a los seminaristas a un encuentro personal con Jesús, en comunión con el equipo de formadores, de manera que se enamoren de Él cada día. Esta tarea hace sentirme pequeño, con temor y temblor, pero confiado en el Señor en la certeza que Él dará la gracia y guiará nuestros pasos, para que las vocaciones actuales y las que vendrán, se les pueda entregar esa escucha necesaria, el acompañamiento, cuidado, discernimiento, paciencia y el respeto de sus conciencias como personas, entrega sacrificada por el pueblo de Dios que tanto demanda por estos días. El seminario es el corazón de la Arquidiócesis y signo de su vitalidad. Coloco mi trabajo en las manos de Jesús. En Él confiamos”, detalló.

Y quién dejó el cargo fue el P.  Dikson Yáñez Pizarro, que el próximo 29 de diciembre asumirá como párroco en la parroquia “Santísima Trinidad“ de Alto Peñuelas. Sobre su labor durante 11 años, el sacerdote realizó una evaluación a su trabajo pastoral a cargo de animar, conducir y orientar a las vocaciones surgidas en la zona, manifestando sus buenos deseos para quien hoy asume el cargo. “Esta misión es de mucha responsabilidad y hermosa de sobremanera, pues prepara a los pastores del futuro de nuestra Iglesia en contextos complejos como nos ha tocado vivir en estos tiempos, tanto como sociedad y la propia Iglesia. Por ello, es una tarea de especial desafío con jóvenes transparentes y directos, características propias de la juventud actual. Los retos son importantes y puedo decir, con toda propiedad, que me sentí tremendamente feliz realizando este trabajo, instrumento débil y frágil, pero confiado en que la obra la hace el Señor y que uno solamente colabora a esta acción divina de Dios. Luego de tantos años era necesario cerrar un ciclo. Tengo la certeza que quien me sucede en este noble quehacer es un hombre capaz, con todas las cualidades necesarias, capacidades humanas y madurez espiritual, para desarrollarse de la mejor forma por el bien de la Iglesia”, puntualizó.