• En Solemne Vigilia Pascual del templo Catedral, numerosos laicos se reunieron para celebrar el triunfo de Cristo sobre la muerte.

En profunda reflexión y en un ambiente de solemnidad, uno a uno comenzaron a llegar hasta un templo Catedral a oscuras los numerosos laicos que se congregaron para participar de la tradicional Vigilia Pascual.

Y, como es habitual, la celebración comenzó con la bendición del fuego y el encendido del Cirio que, tras la procesión de entrada, iluminaría las velas de los asistentes al instante en que entonaban “esta es la luz de Cristo”.

Posterior al Pregón Pascual y las lecturas, se proclamó el santo Evangelio, en el cual se anunció: “¿por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24, 5-6).

Al respecto, en su homilía el Arzobispo René Rebolledo manifestó: “estas palabras expresan el misterio más grande en la vida del Señor, también para sus discípulos misioneros, bautizados y confirmados. Desde nuestro bautismo somos hijos de la resurrección. Por ello, la Iglesia, comunidad de los bautizados y confirmados, es hija de la resurrección. Todo lo que vivimos como discípulos misioneros del Señor es a causa de la Resurrección. En ella todo encuentra su fuente primera. Este misterio es la centralidad del anuncio y hasta el final de los tiempos. Que bendición más grande ser instrumentos del Señor para anunciar a los demás verdad tan sublime. El porvenir del hombre no es el sinsentido, ni la nada, si no la vida. El presente y el porvenir, como el pasado es de Cristo Resucitado”.

Luego del mensaje del Pastor, la comunidad renovó las promesas bautismales, recibiendo el agua bendita que recuerda el día en que los católicos iniciaron su camino de fe y servicio a Dios.

Al finalizar, los presentes recibieron, junto con los abrazos de alegría por el triunfo de Jesucristo sobre la muerte, un pequeño frasco con agua bendita, para que llevaran a sus hogares la alegría del Señor Resucitado.

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