• Mario Frighetto y Carla Simioni, quienes por más de 10 años sirvieron pastoralmente en la Arquidiócesis, inician un nuevo reto en su camino de vocación laical.

Son varios años en que la familia Frighetto Simioni, compuesta por Mario y Carla junto a sus cuatro hijas, llegaron a la Arquidiócesis de La Serena, con motivo de realizar diversos servicios pastorales en representación de la Comunidad Papa Juan XXIII, asociación internacional de laicos presente en más de 40 países alrededor del mundo.

Pero, en estos días, el matrimonio de origen italiano recibió un nuevo llamado en su vida misionera, por lo que inician su viaje a Cuba, el cual a pesar de que los tomó por sorpresa, lo reciben como una oportunidad para ayudar a los hermanos más necesitados. 

Antes de su partida, nuestro equipo quiso conversar con estos laicos comprometidos con el anuncio del Evangelio, entrevista que les presentamos a continuación.

¿Cuántos años sirvieron en la Arquidiócesis y cuál fue el apostolado que realizaron durante este tiempo?

Nosotros estuvimos  doce años en La Serena y seis en el campamento gitano, donde teníamos una carpa y hacíamos actividades lúdicas, junto con una escuela para niños y niñas. Además, un comedor solidario en la Capilla Corpus Cristi, perteneciente a la parroquia Ntra. Sra. de Lourdes. Asimismo, estuvimos comprometidos por varios años en la Pastoral Carcelaria, donde asistíamos junto a don Manuel Donoso y los demás voluntarios.

¿Creen que su participación en la zona ha marcado una huella, tanto en ustedes como en los fieles de la Arquidiócesis?

La acogida que recibimos por parte de don Manuel y después de don René Rebolledo fue importante, porque nuestra comunidad en todas partes del mundo vive al alero de la Iglesia Católica. No actuamos por nuestra cuenta, sino que seguimos a nuestro Pastor. Entonces, fue primordial la acogida de los dos arzobispos con quienes trabajamos.

Además, en la parroquia Ntra. Sra. de Lourdes tuvimos la suerte de servir junto al P. José Manuel Tapia y el P. Cristián Montenegro, por eso para nosotros como católicos fue muy importante insertarnos en una comunidad que nos dio espacio para desarrollar con humildad el carisma de nuestra comunidad.

¿Cuáles son sus sentimientos al partir rumbo a Cuba?

Nosotros no esperábamos que nos llamaran a Cuba. Desde allá solicitaron a la Comunidad una presencia y, por el momento, se trata de irnos a vivir como familia la realidad que ellos tienen, apoyando a las personas que participan de la Iglesia, quienes lo hacen con mucho valor, pero con bastante sufrimiento, pues se vislumbra la pobreza.

¿Cómo se han preparado para este viaje?

Fuimos en abril por mandato de la Comunidad, para saber cómo nos estableceríamos. Es un tiempo breve, más o menos mes y medio, porque debemos postular a la visa por un año. Prácticamente, seríamos la primera familia laica en recibir este documento de parte de la Iglesia en Cuba, lo que para nosotros es muy fuerte. 

Sabemos que la situación de vida es muy difícil, pero nos mantenemos tranquilos, sin mayores complicaciones. Vamos con mucha sencillez y esperanza en nuestras maletas. Nuestro lema es seguir al Jesús pobre, entonces creemos que es el camino que debemos seguir.

¿Cuáles son los desafíos para esta nueva misión?

Es un desafío importante, porque tenemos alrededor de 60 años de edad y esto es volver a recibir el llamado de la misión. Llegamos hace 23 años a Chile y ahora el Señor nos llama para servir, lo que aceptamos con mucha humildad. Si bien no tenemos las mismas fuerzas ni energías que antes, vamos con mucha ilusión y entusiasmo para ayudar a quienes más lo necesiten.

¿Qué actividades o proyectos tienen pensado realizar allá?

De un principio nos insertaremos en el territorio, ver cómo funciona el país y la localidad. Sabemos que no están permitidas las actividades sociales o muy llamativas, por lo que queremos incorporarnos en una parroquia y cooperar con el Obispo, ayudando a personas en situación de discapacidad. 

Vamos con una actitud de mucha humildad a insertarnos en un territorio muy diferente, donde la fe actualmente se permite y tolera, gracias a los frutos de la visita del Papa san Juan Pablo II, pero de igual forma tenemos que actuar con mucho respeto y prudencia. Sin embargo, Dios dirá, estamos dispuestos a hacer lo que Él nos pida.

¿Invitarían a otras personas a continuar su misión?

Antes de nosotros fue un matrimonio, pero por motivos de salud tuvieron que renunciar. Por el momento, hay que iniciar la misión de alguna manera. Acá en Chile recibimos voluntarios, como también del extranjero. Pero eso se podrá concretar cuando la misión esté más establecida. Actualmente somos solo nosotros, pero sería estupendo que se nos unieran más personas, ya que nuestros hermanos cubanos nos han pedido que no los dejemos solos. Porque vivir la fe en un país así es algo complicado, donde no hay libertad de culto como ocurre en Chile. La idea, es que podamos sentir que la Iglesia es universal y que se puede seguir a Jesús en cualquier circunstancia. 

¿Qué mensaje final les dedicarían a los fieles de la Arquidiócesis de La Serena?

Creo que en la Arquidiócesis de La Serena tienen mucho carisma. Nosotros conocimos muchas realidades de la Iglesia en esta zona. Es maravillosa la cantidad de personas que hacen el bien. Les instamos a que sigan así, es muy importante no desfallecer, no dejarnos llevar por pensamientos negativos cuando las cosas no marchan bien, porque es el Señor quien siempre guía a la Iglesia. 

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