En la presentación de la segunda jornada de la reunión “La protección de los menores en la Iglesia” el arzobispo de Chicago destacó que es “imperativo que consideremos el desafío que enfrentamos a la luz de la sinodalidad, especialmente cuando exploramos con toda la Iglesia los aspectos estructurales, legales e institucionales de la obligación de rendir cuentas”.
El Card. Cupich expresó en su alocución que “Solo una visión sinodal, enraizada en el discernimiento, la conversión y la reforma a todo nivel, puede llevar a la Iglesia a aquella acción integral, a la que nos llama la gracia de Dios, en defensa de los más vulnerables en medio nuestro”.

El Card. Cupich observa la necesidad de ampliar el sentido de colegialidad, pues esta no se reduce a una responsabilidad personal del obispo, sino que es una responsabilidad de toda la Iglesia y de todas sus estructuras y de las que forman parte las comunidades católicas y por supuesto, las familias. La indiferencia al sufrimiento de las personas abusadas y de sus familias es inaceptable.

Para el purpurado, en estos casos “la Iglesia debe ser verdaderamente una Pietà, destrozada por el sufrimiento, consoladora en el amor envolvente, constante en señalar la ternura divina de Dios en medio de los dolores de la desolación en aquellos que han sido aplastados por el abuso del clero”.

Principios para enfocar la reforma de la Iglesia

Cupich señala que “hay cuatro orientaciones enraizadas en la sinodalidad que deben conformar toda reforma estructural, legal e institucional, diseñada para enfrentar el enorme desafío que representa en este momento la realidad del abuso sexual por parte del clero”.

Escucha radical

La primera orientación es una postura perpetua de escucha radical para comprender la experiencia aniquiladora de aquellos que han sido abusados sexualmente por el clero.

Para Cupich, es importante la calidad de la escucha: “Nuestra escucha no puede ser pasiva, esperando que aquellos que han sido abusados encuentren un camino hacia nosotros. Más bien, nuestra escucha debe ser activa, buscando a quienes han sido heridos y tratando de servirlos. Nuestra escucha debe estar dispuesta a aceptar el desafío, la confrontación e incluso la condena de los fracasos pasados y presentes de la Iglesia en mantener a salvo lo más precioso del rebaño del Señor”.

Testimonio laico

El Cardenal subraya el papel de todos los miembros de la Iglesia, y en especial de los laicos: “Las madres y los padres nos han llamado a rendir cuentas, porque simplemente no pueden comprender cómo nosotros, como obispos y superiores religiosos, a menudo nos hemos cegado ante el alcance y el daño del abuso sexual de menores”.

Nuestra obligación es –dirigiéndose a los asistentes- “incorporar sin cesar una amplia participación de laicos en cada esfuerzo para identificar y construir estructuras favorables a la obligación de rendir cuentas para prevenir el abuso sexual del clero”.

La colegialidad

El Cardenal Cupich insta a los obispos a que “En vez de actuar aisladamente, necesitamos comunicarnos unos con otros en un espíritu de confianza, reconociendo todo el tiempo que somos fieles a los deseos de Cristo que nos ha unido como sucesores de los apóstoles en el don del mismo Espíritu”.

Insiste en que “la obligación de rendir cuentas dentro del colegio episcopal, marcada por la sinodalidad, puede configurarse de manera que se convierta en una sólida red de guía, gracia y apoyo que no deje solo al líder individual en situaciones difíciles ni se base en la falsa impresión de que la Santa Sede debe dar todas las respuestas”.

Acompañamiento

Para el prelado, “El principio orientador final que es esencial para que las estructuras de rendición de cuentas por el abuso sexual del clero sean efectivas es el llamado al acompañamiento… Acompañar implica intentar genuinamente comprender la experiencia y el camino espiritual del otro… Cada vez que un superviviente se acerca a la Iglesia, ya sea en busca de consuelo o de justicia, de retribución o de paz, es una invitación a la Iglesia a ser genuinamente Pietà, marcada por la ternura y la empatía”.

Cupich insiste en que “El acompañamiento auténtico al estilo de Cristo ve a todos como iguales ante el Señor, y las estructuras basadas en el acompañamiento hacen que todos se sientan y aparezcan iguales ante el Señor”. Esta afirmación sitúa a toda la comunidad cristiana al mismo nivel. El sacerdote no está por encima de la comunidad.

Marco para la rendición de cuentas

Para el Cardenal, “La tarea que tenemos ante nosotros es centrar estos principios en el diseño de estructuras institucionales y legales específicas con el fin de crear una obligación de rendir cuentas genuina en los casos relacionados con la mala conducta de los obispos y superiores religiosos, y el mal manejo de los casos de abuso infantil”.

Cupich propone el siguiente mecanismo para la rendición de cuentas: “la Carta Apostólica Come una madre amorevole , establece procedimientos que tratan, entre otras cosas, de los obispos que manejan mal los casos de abuso”.

El Cardenal detalla la tarea que tienen por delante: promulgar procedimientos claros en los casos en que, por “razones graves”, podría justificarse la destitución de un obispo, de un eparca o de un superior religioso, tal como se define en el motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela y en el motu proprio Come una madre amorevole.

El Cardenal de Chicago plantea tres epígrafes como marco: 1. Establecer normas para la investigación de obispos, 2. Informar las acusaciones y 3. Pasos procesales concretos. Los desarrolla de esta manera:

“Establecer normas: Siempre que el derecho civil exija que se denuncie el abuso de menores, esa ley debe seguirse y las políticas deben ser claras respecto a esos requisitos”.

“Informar de las acusaciones. Todos los mecanismos para reportar acusaciones de abuso o mal manejo de casos de abuso contra un obispo deben ser transparentes y bien conocidos por los fieles. Se debe prestar atención al establecimiento de mecanismos independientes de información”.

“Pasos concretos de procedimiento. En mi opinión, será útil adoptar medidas de procedimiento claras que estén arraigadas en las tradiciones y estructuras de la Iglesia, pero que al mismo tiempo satisfagan las necesidades modernas de identificar e investigar conductas potencialmente ilícitas de los obispos”.

También insiste en que, además de una legislación universal, “las Conferencias Episcopales, después de las consultas apropiadas, deberían considerar la adopción de normas especiales para abordar las necesidades particulares de cada Conferencia”. Cupich propone los siguientes elementos que no deben estar ausentes en las normas especiales adoptadas por cada iglesia particular.

Rendición de cuentas: 11 principios básicos

a. Las víctimas y sus familias, así como las personas que presentan la acusación, necesitan ser tratadas con dignidad y respeto, y deben recibir una atención pastoral adecuada. Se deben hacer esfuerzos para asegurar que las víctimas reciban consejería psicológica y otro tipo de apoyo, que creo que debe ser financiado por la diócesis del obispo acusado.

b. La denuncia de un delito no debe verse obstaculizada por el secreto oficial o por normas de confidencialidad.

c. Ninguna persona debe ser discriminada o sufrir represalias sobre la base de la denuncia de una acusación contra un obispo a las autoridades eclesiásticas.

d. Se debe prestar la debida atención a la inclusión de mujeres y hombres laicos competentes y con experiencia en el proceso de principio a fin, por respeto a los principios de obligación de rendir cuentas y de transparencia que he señalado anteriormente .

e. Siempre que esté justificado, y en cualquier momento durante la investigación, el Metropolitano debe poder recomendar a la congregación romana competente que se adopten las medidas cautelares apropiadas, incluido el alejamiento temporal y público del acusado de su cargo.

f. Si la alegación tiene incluso la apariencia de verdad, que el Metropolitano debe ser libre de determinar con la ayuda de expertos laicos, el Metropolitano puede solicitar a la Santa Sede autorización para investigar. La naturaleza exacta de la investigación, ya sea penal o administrativa, dependerá de las acusaciones . Esta petición debe ser enviada sin demora y la congregación debe responder sin demora.

g. Después de que el Metropolitano reciba la autorización, debe reunir toda la información relevante de manera expedita, en colaboración con expertos profesionales, para asegurar la ejecución profesional y veloz de la investigación y concluirla rápidamente.

h. Toda investigación debe llevarse a cabo con el debido respeto a la privacidad y el buen nombre de todas las personas involucradas. Esto no impide, sin embargo, que la Conferencia Episcopal adopte normas para informar a los fieles de la acusación contra el obispo en cualquier etapa del proceso. Al mismo tiempo, es importante que se conceda al acusado la presunción de inocencia durante la investigación.

i. Una vez finalizada la investigación, el Metropolitano remitirá el acta, incluyendo toda la información recopilada con la ayuda de expertos laicos, junto con su votum, si así se solicita, a la Santa Sede.

j. Se puede establecer un fondo común a nivel nacional, regional o provincial para cubrir los gastos de las investigaciones a los obispos , teniendo debidamente en cuenta las normas de derecho canónico para su administración.

k. La competencia del Metropolitano normalmente cesaría una vez que la investigación se haya completado, pero podría extenderse para asegurar un cuidado pastoral continuo, o por otras razones específicas. La tramitación del caso de un obispo procede a partir de este punto de acuerdo con las normas del derecho universal . De acuerdo con el derecho canónico, la Santa Sede llevará el caso de un obispo a sí misma para su resolución mediante un proceso administrativo o penal u otra disposición, o bien la Santa Sede podrá devolver el caso al Metropolitano con instrucciones adicionales sobre cómo proceder.

l. Por supuesto, a menos que la ley especial establezca lo contrario, corresponde al Romano Pontífice tomar una decisión final.

Finalizó su alocución insistiendo en que “Debemos movernos para establecer leyes y estructuras sólidas con respecto a la obligación de rendir cuentas de los obispos, precisamente para proveer con un alma nueva, la realidad institucional de la disciplina de la Iglesia sobre el abuso sexual”.