El objetivo del presidente de EE.UU. era subrayar las dificultades que sufren las autoridades de la zona ante la entrada incontenible de inmigrantes.
Donald Trump viajó ayer al Sur de California para comprobar de primera mano la situación en la frontera con México, después de una semana de idas y venidas sobre sus planes para contener la llegada de inmigrantes indocumentados a EE.UU.

El objetivo del presidente de EE.UU. era subrayar las dificultades que sufren las autoridades de la zona -patrulla de fronteras, policía migratoria, gobernantes locales- ante la entrada incontenible de inmigrantes, la mayoría procedentes de Centroamérica. Desde finales del año pasado, cerca de 125.000 personas han tenido que ser liberadas casi inmediatamente tras su detención por la incapacidad de las autoridades de mantenerlos bajo custodia, con los centros de detención a rebosar y sin posibilidad de mantener arrestados a familias con menores -la mayoría de los inmigrantes que cruzan ahora la frontera- durante más de 20 días.

La frontera está desbordada, una situación que parece haber contagiado los planes de Trump: hace siete días, amenazó con «cerrar la frontera, o amplias partes de ella» esta misma semana si México no detenía la entrada de inmigrantes ilegales. La amenaza disparó el número de entradas de inmigrantes y el precio de importaciones como el aguacate.

Ante las críticas a la idea dentro y fuera de su partido, Trump rectificó el jueves y dijo que daba a México «una advertencia de un año» para controlar el flujo de inmigrantes o respondería con aranceles a sus coches.

Ayer defendió que no había dado marcha atrás a su amenaza de cierre de frontera, pero prefirió concretar un arancel del 25% a los coches mexicanos si la situación no cambiaba y aseguró que México estaba haciendo grandes esfuerzos en los últimos días.

Trump visitó en concreto la localidad de Calexico, donde escuchó de primera mano los testimonios de la policía y autoridades sobre la situación descontrolada, y advirtió a los inmigrantes: «No os podemos dejar pasar. Este país está lleno».

Después visitó un segmento de la frontera donde se ha instalado una placa que la denomina «la primera sección del muro fronterizo del presidente Trump». Se trata, sin embargo, de una valla de remplazo aprobada en 2009, en el primer mandato de la presidencia de Barack Obama.

Transcurrido el ecuador de su primera presidencia, la realidad es que Trump no ha podido construir todavía ni un kilómetro nuevo de su gran promesa electoral. Ayer dijo que el primer segmento nuevo, una valla de unos 20 kilómetros, está listo para empezar a levantarse, algo que aseguró que podría ocurrir esta misma semana.

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